Las claves para no ser estafado en el dentista

La salud dental es fundamental y sigue siendo, hoy por hoy y al menos en España, una asignatura pendiente. Los dentistas repiten por activa y por pasiva la importancia de acudir una vez al año a revisión como medida preventiva no solo de la salud dental sino también como medida preventiva de otras dolencias que pueden ser vistas a través de la boca. Sin embargo ir aldentista sigue siendo, para muchos, algo inalcanzable económicamente. De ahí que hace tiempo que naciera un nuevo modelo de negocio, el de las franquicias o cadenas de clínicas dentales cuya gestión incluía también la financiación de tratamientos muy costosos.

¿Qué tipo de regulación tienen y cuáles son los motivos por los que muchos ciudadanos han sentido que les han estafado? Para empezar, y tal como nos cuenta Jorge Giner, odontólogo y director de Maternatal Dental explica que «hoy por hoy, cualquiera puede abrir una clínica dental, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, en las farmacias. Precisamente por eso, añade, una reivindicación de hace ya años por parte de las organizaciones colegiales y asociaciones de dentistas, es que el propietario, o socio mayoritario, de una clínica dental, deba ser titulado y colegiado».

La función del dentista frente a la del empresario.

El doctor Giner se muestra claro: «Realizar el diagnóstico, tratamiento y prevención de las enfermedades de la cavidad bucal conforme a un código deontológico y ético, sin inflar presupuestos que quizás no necesite» El sistema de franquicias dentales responde a un modelo de negocio que, tal y como reconoce el dentista, «busca el rédito económico y puede que se subordine el concepto sanitario de la clínica al económico. A eso hay que añadir que hemos pasado en sólo diez años de 3.250 nuevos graduados en Odontología por año a 8.252, es decir, las facultades están creando 2,9 dentistas por cada 100.000 habitantes, frente al 1,7 de la media europea, más del doble de las recomendaciones de la OMS». En el caso de las franquicias hemos sustituido al dentista-dueño «que gestionaba según su código ético a un empleado mal remunerado de una empresa que no va a tener escrúpulos en ahorrar en los capítulos que pueda hacerlo: personal, instrumental, material, etc. Ese dentista ya no va a ser dueño de su valoración, del diagnóstico que realiza ni del tratamiento que prescribe. No se dan planes de tratamiento, se venden presupuestos», sostiene Giner.

Jorge Ferrus, dentista y dueño de la clínica Ferrus & Bratos, está en la misma línea de pensamiento: «En el caso de una clínica que pertenece a una franquicia, el empresario (odontólogo o no) que ha decidido montar una clínica, está sujeto a las políticas de la central en cuanto a precio al público, estén de acuerdo o no. Lo que puede llevar a la tentación de “inflar” la cantidad de tratamientos necesarios a un paciente para llegar a los objetivos de facturación que marcan desde la central». Ferrus añade que no es un problema sólo de las clínicas adontológicas: «Caso similar ocurre con las aseguradoras. Normalmente no hay canon de entrada pero las clínicas que trabajan con seguros están sujetos a sus ofertas de precios y puede no estar en coherencia con la calidad y servicio que desde la clínica se quisiera dar. De tal manera que la clínica que atiende a pacientes de seguro, a veces, tiene que abaratar costes para poder seguir teniendo algún beneficio».

Obligaciones del paciente y del odontólogo.

El doctor Giner recuerda que «los pacientes siempre van a tener más derechos que obligaciones pero es importante recalcar que sí tienen algún deber que emana de la responsabilidad ética y para con el prójimo. Por ejemplo, deben estar al tanto de sus derechos como pacientes pero también de la limitación de esos derechos, deben dar prioridad al cuidado de su boca y aceptar que son responsables de su propia salud bucodental. También deben reconocer la realidad y limitaciones que pueden existir para la consecución de tratamientos y la posibilidad de complicaciones derivadas de cualquier procedimiento realizado, para ello debe ser informado adecuadamente y firmar el debido consentimiento antes de la realización del tratamiento» —y añade— «el odontólogo y el médico están obligados a cumplir una serie de requisitos en aras de garantizar el cuidado adecuado de sus pacientes, la información detallada a los mismos, la privacidad de sus datos, etc. Todo conforme a un código deontológico. No todo vale. Y están obligados a hacerse cargo del tratamiento propuesto hasta finalizarlo y de manejar las complicaciones que se pudieran derivar de la aplicación de dicho tratamiento».

Las medidas legales que hacen falta

Para el doctor Ferrus de la clínica Ferrus&Bratos «hacen falta varias medidas legales, todas encaminadas a que el paciente tenga más información acerca de la cualificación del profesional que le va a tratar y de la clínica dental» Destaca la distancia entre la nornativa en nuestro país y en el resto de Europa: «Hasta ahora en España no hay especialidades reconocidas. No así en muchos países europeos. Los pacientes deberían poder saber si el odontólogo que les da el diagnóstico y les trata tiene una formación de 3 años en ortodoncia o periodoncia o sólo de 7 fines de semana por ejemplo». Ferrus añade que el sector «necesita más transparencia hacia el paciente y tanto el Consejo general de odontólogos como las universidades deberían regular las especialidades para que el paciente esté informado. Y desde los colegios deberían hacer campañas para informar  a la población sobre salud dental y medidas preventivas».

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